Viajar con gato en furgoneta camper durante un año

Para escribir este post hago un ejercicio de rebobinar en el tiempo. Me sitúo en julio de 2016, tan solo faltaba un mes para comenzar nuestra aventura. Repaso dentro de mi mochila de miedos previaje -pesa como un muerto la muy…- y encuentro uno de los más grandes: Robi. En ese momento acuden a mi mente miles de preguntas, atacándome como atacaban los pájaros en aquella película de Alfred Hitcoch. ¿Vivirá feliz en una furgo? ¿Se escapará? ¿Sufrirá mucho estrés? ¿Sabré protegerla de todos los peligros? Y así podría seguir hasta aburriros.

Después de más de un año viviendo en la ruta puedo dar una opción objetiva sobre nuestra experiencia. Viajar con gato en una furgoneta camper es posible. Os advierto que esto no es la “guía definitiva para viajar con gato”, es nuestra experiencia con Robi. Cada gato es un mundo con su propia personalidad y carácter. Aunque espero que el ayude a tranquilizar a quien esté en la misma situación que yo hace más de un año.

Preparándonos antes del viaje

Prepararte para una experiencia que no tienes ni la más mínima idea de cómo va a salir, es complicado. Cuando tienes que elegir para un gato, más todavía. Aunque conozcas su carácter, la parte más difícil es que no hablan. Puedes comprarle el cachivache más molón del mundo para jugar, que después, tan solo con el ticket de compra, alucinan. Los gatos son así.

¿Cómo nos preparamos nosotros? Lo primero fue pensar en su seguridad, tanto dentro como fuera de la furgo. Para llevarla a la calle -véase visitas al veterinario- compramos una mochila para gatos, sobre la cual hablamos en un post anterior.
Mochilas para viajar con gato

Para que pudiese salir a la calle a estirar las patitas en sitios con algún que otro peligro, compramos un arnés. Comenzamos practicando en casa con el arnés. Resultado: creemos que lo impregnaron con una loción paralizadora de gatos. En cuanto se lo ponemos, se queda tiesa y se hace la muerta. Muy dramático. Aun así, nos lo llevamos, aunque solo hemos podido usarlo dos veces y sin buen resultado. No le gusta.

Arenero del gato



Otro punto a tener en cuenta era el arenero. ¿Dónde metes un arenero en una furgo de 3 metros cuadrados? Por suerte encontramos uno cerrado, tipo cápsula, de buen tamaño, que pudimos poner en un rinconcito.
Importante lo de cerrado, sobre todo para nosotros. Creemos que Robi fue topo en una vida anterior, pues una de las cosas que más le gusta hacer cuando se aburre es prospecciones en su cajón de arena. Con el cajón abierto nos asegurábamos tener playa dentro de la furgoneta todos los días. Otro motivo son los olores, por supuesto.

Practicando antes de la salida definitiva

Dicen que la práctica hace al maestro. No cuando tratas con gatos. No puedes convencerles de que su nueva vida de gato nómada va a ser la bomba. Les da igual. Es más, en realidad son los más sensatos de la ecuación.

– ¿Dejar la comodidad de mi hogar por un ruidoso coche? ¿Tener que elegir gatos nuevos con los que pelearme todos los días, con lo fácil que es darle dos tortas al del vecino, que lo tengo a mano? ¿Abandonar mi increíble puesto de vigilancia para masacrar pájaros después de las horas y horas que me ha costado perfeccionar mi técnica de camuflaje allí? Ustedes estáis locos.-
Y razón no le falta.

La prueba de fuego

Tres meses antes de comenzar el viaje, hicimos una pequeña escapada de fin de semana con la furgo. Esta vez llevamos a Robi, para ver cómo se adaptaba.
El que hemos calificado como “fin de semana infernal” comenzó como un drama anunciado en casa.
Llegó el momento de meter a Robi en su mochila nueva. Olisqueando el ambiente enrarecido -demasiado movimiento de trastos-, procedió a meterse bajo el sofá. Ahora levanta sofá, Robi sale corriendo, se esconde bajo la cama. Palmea para que salga y…¡te cazé! Ahora posición de rigor mortis para que me cueste un huevo meterla dentro de la mochila. Maullidos dramáticos mientras entra. Misma retahíla cuando vamos camino a la furgo.

Robi siempre se ha puesto muy nerviosa cuando la he llevado en el coche. En la furgo pasó lo mismo.
Le llevamos su manta favorita y algunas cosillas más de casa para que se sintiera más a gusto. Pero no funcionó demasiado bien.

– Mi venganza será terrible – debió pensar Robi durante el día. Y vaya si lo fue.

Llegó el momento de dormir. Llegó el momento de la venganza gatuna.
En cuanto nos dormimos, a la media hora comenzó a maullar. Le hablamos para tranquilizarla, la metimos en la cama, pero salió corriendo. Intentamos dormir con los maullidos de fondo, pero nada, imposible. 500 miaus después empezamos a desesperarnos. 10.000 miaus más y 5 horas después, seguíamos sin pegar ojo. Si esto era un anticipo de lo que iba a ser viajar con gato, estábamos jodidos.

robi-en-la-mochila

Lo intentamos todo para calmarla. Incluido meterla en su mochila con una mantita por encima, a veces la oscuridad les calma. Pero no. Esto fue lo que pasó.
– Antonio, Antonio, la mochila se mueve. Robi está saltando dentro –
– Mmm… déjala…ya se cansará…
Y comenzó el miau más estridente, mientras iba pegando saltos con su mochila por la furgoneta.

La noche siguiente fue igual. Robi no lo estaba pasando nada bien, estaba muy estresada. Debíamos pensar un plan B para ella. No queríamos que sufriese viviendo en una furgoneta.

El plan B consistía en llevarla con nosotros hasta Suiza, donde vive mi hermano. Una vez allí, rogarle con nuestra mejor cara de pena -y la más monísima de Robi- que se quedase con ella. Él podía darle el mejor hogar que podría encontrarle.

Comenzamos nuestro viaje, con Robi

Un día 5 de agosto de 2016 salimos definitivamente a realizar nuestra aventura. Con un gran miedo, el más grande: Robi.

En los primeros 100 kilómetros se portó como una campeona. No rechistó, estuvo relajada dentro de su mochila.
Cuando fuimos a dormir, igual.
No salíamos de nuestro asombro, después de la experiencia que habíamos tenido anteriormente. Estaba en su salsa dentro de la furgo. Decidió que era un buen nuevo hogar.

La primera experiencia dejándola salir de la Furgo

El segundo día de viaje hicimos una parada en un pantano. Un lugar ideal, tranquilo, sin gente. Decidimos dejar salir a Robi suelta, sin arnes. Como si conocerse el lugar, comenzó a corretear alrededor de la furgo. A los 10 minutos ya estaba intentando comerse un pájaro.

A partir de ese día, nos relajamos mucho con ella. Se la veía a gusto. Podia salir en sitios tranquilos, en carretera viajaba cada vez más cómoda. Le dejó de coger pelusilla a su mochila, incluso llegamos a encontrarla más de un día durmiendo dentro.

Algún que otro susto…

Viviendo en una furgoneta, todos los días son un mundo diferente. No iba a ser menos viajando con gato. La tercera pasajera también tiene muchas batallas libradas durante este viaje. Algunas veces algo espeluznantes.

El día que decidió echar la siesta en una granja de cerdos

Cuarto día de viaje. Un calor del mil infiernos cruzando Extremadura. Dos humanos y un gato intentando encontrar una sombra medio decente al medio día para comer.
Encontrada la sombra, dejamos salir a Robi para que estirase las patitas. A los 5 minutos la habíamos perdido de vista.

Tras una hora llamándola desesperadamente, recurriendo a todos los trucos que teníamos en la manga para llamar su atención, comenzamos a preocuparnos.
Dos horas después y tres asaltos más tarde a la granja de cerdos, la encontramos bajo unos palets dentro de la granja. A la fresquita. Estaba tan a gusto que ignoró por completo nuestros reclamos.
A nosotros casi nos da un infarto.

Jugando al escondite en Francia

Principios de diciembre. Parking de un carrefour. En esos días nos visitaba un hermano de Antonio y su mujer. Alardeábamos de lo bien que llevábamos lo de viajar con gato. Perdimos todo el crédito cuando, después de hacer la compra, somos incapaces de encontrar a Robi.
Y es que, cuando los gatos quieren esconderse, saben cómo. Encontró un hueco en la parte delantera de la furgo, tras un manojo de cables y el altavoz de la radio. Estaba tan encajada que a penas pudimos sacarla de allí.

A veces se asusta con ruidos muy fuertes. O si alguien se dedica a golpear las ventanas de la furgo cuanto la ven dentro.
Sobrevivimos a otro amago de infarto, porque pensábamos que había salido a la calle en un descuido.

Cuidado con los perros. Y las águilas

5 de agosto de 2017. Justo un año despues de haber comenzado nuestro viaje. Un bosque cualquiera en Eslovenia.

cuidados con un gato

Con un calor de mil demonios, decidimos refugiarnos bajo la sombra de un frondoso bosque esloveno durante unos días. Un lugar ideal para Robi: ningún perro a la vista, ningún coche y muchas hectáreas por explorar.

Con este panorama, nuestro sentido de alerta estaba al mínimo. No el de un Águila hambrienta que se hallaba agazapada en lo alto de los árboles.
Sucedió en cuestión de segundos: yo sentada en una silla, a 20 metros de Robi. El águila bajó en picado, directa a por ella. Alertada también por Antonio, que vió la tragedia venir, salté cual guepardo sobre su presa hacia dónde estaba Robi. El águila, a punto de lograr su objetivo, hizo un quiebro en el último minuto y se alejó volando. Seguramente maldiciendo por estropearle tan jugoso bocado.

Solíamos bromear sobre las águilas y la posibilidad de que se llevasen a Robi. Ahora sabemos que la posibilidad es real.
Un elemento más a tener en cuenta cuando hacemos la vuelta de reconocimiento de un nuevo lugar:

– Perros: OK
– Coches: OK
– Gatos: OK (Robi es muy busca peleas)
– Agujeros/Pozos: OK (le encanta la espeleología)
– Àguilas: OK

Experiencia de viajar con gato: un año después

Después de todas las aventuras y alguna desventura vivida, podemos decir que nuestra experiencia está siendo más que positiva.
Nos encanta viajar con gato, con nuestra Robi. Sobre todo, estamos felices porque ella está teniendo una buena vida. Sin estres, con muchos lugares que descubrir día a día, con todos los mimos y cuidados que podemos darle.

Recomendaciones y consejos para viajar con gato

Basándonos en nuestra experiencia, os dejamos algunos consejos que os pueden ser de utilidad si decidís viajar con vuestro gato en una furgoneta camper.

Cuidado con el verano: la época más complicada es el verano. Debes prestar atención a la temperatura interior y la exposición al sol cuando dejes a tu gato en la furgo. Si para ti hace demasiado calor, para ellos también. Mejor quédate y ventila para que esté a gusto.

Mirar antes de dejarles salir: cuando llegues a un nuevo sitio, antes de dejarles salir, comprueba los posibles peligros. Coches, perros, águilas…

Seguridad al volante: si tú gato se asusta cuando vas en marcha, mejor llevarlo en un transportín mientras vas en carretera. Nosotros intentamos dejarla suelta un día y a los 5 minutos de marcha intentó tirarse por la ventana.

Documentos en viaje: aunque haremos más adelante una sección de los documentos en viaje, asegúrate de llevarlos siempre. Pasaporte para mascotas y vacunas al día. La más importante, la rabia.

Comida: si vas a hacer un viaje de varios meses, ten en cuenta que quizá no podrás encontrar su comida en otros países. Cuando la encuentres, compra cantidad, no esperes a la próxima vez, porque quizá no haya. Si en un nuevo país no la encuentras, hazle un cambio de pienso progresivo. Días antes de terminar su comida habitual, ve mezclándola con la nueva.

Presta atención a sus necesidades: no hagas muchos kilómetros sin dejarles salir del transportín. Si maúllan o se agobian mucho, mejor para y déjales estirar las patitas.



Esperamos que nuestra experiencia os ayude a resolver dudas y podáis tomar la importante decisión de viajar con vuestros gatos.
Estaremos encantados de ayudaros con cualquier duda que os surja. Así que sentiros libres de comentar y preguntar. ¡Vuestras preguntas pueden ayudar a otros viajeros gatunos!

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