Hoy quiero desayunar a las ocho

Salgo de debajo del sobaco del humano número 2. Son las ocho de la mañana y mi cuerpo me pide abandonar mi universo de calor bajo el edredón. Tengo hambre.

Lo primero que observo es que los humanos están durmiendo. Lo noto por su posición horizontal y el agüilla que les cae por la comisura de la boca. Qué grima.

Si quiero comer debo activar el plan “despertar a los humanos”.

Pongo en marcha mi táctica número uno. Me siento en la almohada y les respiro en la cara. Pero no funciona.

Desarrollo la táctica número dos: restriego mis bigotes por la cara de los humanos. Tampoco funciona. Debieron acostarse tarde ayer. Irresponsables…

Como mis acciones no han tenido resultado, paso a la siguiente táctica. Pisar a los humanos. Comienzo a caminar sobre ellos. Procuro hincarles bien las patitas en el hígado. El humano número 1 se revuelve, el número dos me intentar dar un manotazo. Lo esquivo con mi agilidad gatuna. Has fallado y ahora te vas a enterar.

Con un humano medio despierto debo continuar el ataque. Las tripas me rugen como el cantante de una banda de death metal.
Y hablando de cantar, me pongo a ello. Les suelto una traviatta dando mi mejor miau de pecho. Desde la distancia claro, que los manotazos vuelan y puede que yo también.
Como respuesta solo obtengo un par de chillidos mandándome callar. Si que se despiertan como mala leche por la mañana. A medias, porque después de gritarme se duermen otra vez.

Dado que todos mis planes anteriores han fracasado, decido poner toda mi carne magra en el asador y asestarles el golpe definitivo. La llamo “despiértate que te ahogas”. Me arrimo a la humana número 1, que es la que menos reflejos tiene y con la que menos probabilidades tengo de ser lanzada por los aires. Con delicadeza, rodeó su cabeza con mis patitas, pongo el culo el pompa para hacerme bolita y me tumbo sobre su cara.

Ahora a esperar.
15 segundos después, la humana número 1 se levanta de golpe por asfixia. Salgo zumbando, no vaya a ser que hoy tenga la mano rápida. Me siento a los pies de la cama con mi mejor cara de gato adorable. Siempre cuela con ella.

En lo que la humana se levanta a mirar la hora, ve que mi cacharro de comida está vacío. Se lo comunica al humano 2. Se siente culpable por haberme dejado unas horas sin comida.

Son las ocho y cuarto y estoy desayunando.

Siempre gano.

¿Te gusto? Deja tu comentario

Notifícame de
wpDiscuz

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies