Vivir en Una Estación de Esquí

Vivir en una estación de esquí en los Alpes Franceses en una furgoneta es posible

Como está sucediendo a lo largo de todo nuestro viaje, los planes cambian constantemente. En uno de esos giros del destino, acabamos viviendo durante 4 meses en una estación de esquí en los Alpes franceses, concretamente en Los Tres Valles: el complejo de esquiable más grande del mundo.
Teníamos 600 kilómetros de pistas y un trabajo asegurado para toda la temporada. Y mucho frío. Y poco sol.




Antes de salir de España, allá por Figueres, decidimos probar suerte buscando trabajo en los Alpes franceses (aquí puedes leer unos consejos para conseguir trabajo en Francia). La motivación no fue solo laboral, uno de los sueños de antonio era pasar una temporada de invierno en una estación de esquí haciendo snowboard. Y ya que habíamos salido a vivir a nuestra manera, que mejor manera de hacer una pequeña parada en el camino, conseguir algo de dinero y tachar un sueño de la lista.

Antes de subir a la montaña para vivir en una estación de esquí durante 4 meses, ideamos un plan logístico para ser energéticamente independientes. Llevábamos dos semanas en Chambery (Francia), lloviendo sin parar, con la consecuente falta de sol, así que empezábamos a tener problemas de batería al no poder cargarla con la placa solar y no estar haciendo suficientes kilómetros para recargarla con el alternador.

Invento sobrevivir estacion esqui

Solución: comprar nuestra pequeña central eléctrica. Un cargador de batería y un generador de gasolina. No sirvió para nada. El generador no era lo suficientemente potente y no conseguía cargar a penas la batería.
Decidimos jugarnos el pellejo y subir a la estación sin un plan B, confiando en que encontraríamos alguna solución. Quizá algún enchufe amigo de cuando en cuando, quizá mis jefes nos podían prestar algo de electricidad de cuando en cuando… Pero ni encontramos enchufes amigos ni mis jefes eran muy bondadosos.

Vivir en Los Tres Valles 600Km esquiables en los Alpes Franceses

Los tres valles

Cuando llegamos a la estación de esquí, donde yo iba a trabajar, decidimos instalarnos en un parking público. La localidad era Saint Martin de Belleville, uno de los pueblos más pequeños de todo el complejo de esquí. El parking estaba lo suficientemente retirado del pueblo como para no llamar mucho la atención y tener algo de privacidad. También era un sitio ideal para que una mañana, a eso de las siete, nos aterrizase un helicóptero a 20 metros de la furgoneta. El susto fue el mejor despertador que hemos probado en años.

helicoptero estación esquí

Consejos para sobrevivir viviendo en una estación de esquí dentro de una furgoneta

Pudimos comprobar con horror el primer imprevisto: al estar rodeados de montañas, el sol salía a las 10.30 am y se escondía detrás de un cerro enorme antes de las 2 pm. Cuántas veces miramos aquel cerro y las posibilidades de dinamitarlo.
No nos quedó más remedio que adaptarnos a no tener mucha batería, pudiendo obtener algo más arrancando la furgoneta durante una hora al día, cosa que le venía muy bien al motor para que no se acabase congelando.

parking saint martin belleville

Y hablando de congelación, cuando el sol se escondía tras el cerro maldito, tampoco podíamos hacer vida en la calle, un frío polar se instalaba en todo el pueblo tras la caída del sol. En estas circunstancias agradecimos enormemente no haber construido muchos muebles en la furgoneta, dejando bastante espacio (lo poco que dan 3 metros cuadrados) para hacer vida en el interior sin volverse loco.

Antonio fue quien aguantó estoicamente (aún sigo preguntándome cómo no salió huyendo de allí) durante todo el invierno. Yo trabajaba una media de 10 horas al día, 6 días a la semana, mi condición esclava me mantenía calentita. Al menos tuve eso.

Si buscas trabajo en los Alpes Franceses no te pierda nuestra guía para trabajar en estaciones de esquí.

furgoneta congelada

El segundo imprevisto-horror vino por una ola de frío. Se congeló la bomba del agua de la ducha y reventó, literalmente, quedó hecha papilla por dentro.
Otra de mis ventajas de esclava era que tenía acceso a la ducha de mis compañeras de trabajo, que se alojaban bajo el restaurante donde trabajábamos. Pero Antonio, al no estar trabajando, no tenía acceso.
En condiciones normales hubiera pedido permiso a los jefes para el, pero, como dije antes, no es que fuesen muy bondadosos. Así que pusimos en marcha el plan ‘ducha de tapadillo’, que consistía en colarse conmigo por la tarde noche en las habitaciones de mis compañeras (previo consenso con ellas) para que pudiera darse una ducha.

El tercer imprevisto-horror vino también por la ola de frío. Se congeló parte del agua que teníamos para la vivienda. Me di cuenta una mañana al ir a rellenar de agua el cuenco de Robi. Volqué el agua en el fregadero y sonó un ‘clonc’ seco: el agua era un puro bloque de hielo.

Aprendimos que, a menos 19 grados, las cerraduras se congelan. También que con un mechero y paciencia, se descongelan. Más de una mañana casi tuve que saltar por una ventana para poder salir a trabajar.

Lo que nos salvó de quedarnos congelados: la calefacción estacionaria por gasoil y dos buenos edredones. Y pijama de los gordos, gorro, calcetines XXL… Pero, sobre todo, dormir como dos lapas. Tres, si contamos a Robi, no se despegó de Antonio en todo el invierno.
Por las noches no poníamos la calefacción, pues el gasto en gasoil iba a ser demasiado elevados. Y que somos así de espartanos. Nosotros, a lo bruto.

Llegados a este punto del relato de nuestra experiencia viviendo en una estación de esquí, no nos extrañaría que, con tal retahíla de fatalidades, penséis que es una locura vivir así. Y lo es, porque también tuvo su parte positiva. Es lo que diferencia una locura de una fatalidad, la locura siempre tiene su parte positiva. Y nosotros somos de quedarnos con las buenas experiencias en el recuerdo y reírnos de las malas con el tiempo.

vivir en una estación de esquí




furgotravel esquiando

Nuestras ventajas de vivir en una estación de esquí

  • Gracias a mi compañera de trabajo Marilou, pudimos movernos libremente con su coche por los alrededores del complejo de esquí. Nos ayudó enormemente no tener que mover la furgoneta para ir a hacer la compra, ir a por gasoil, agua, etc…
  • Pudimos disfrutar (sobre todo Antonio) de infinidad de kilómetros de pistas de esquí.
  • Aprendí francés, un nuevo idioma siempre es un arma poderosa cuando se vive viajando.
  • Pudimos recibir varias veces la visita de mi hermano y su pareja, que vive en Suiza, pasando unos fines de semana estupendos.
  • Ahora queremos al sol más que antes.

Esta experiencia puso a prueba nuestra resistencia al frío y la falta de luz.
Aprendimos que somos capaces de adaptarnos a situaciones que hace más de un año ni nos imaginábamos. Que, pese a las duras condiciones, éramos capaces de reír al salir de la furgoneta tras una nevada y caer enterrados hasta las rodillas en nieve.
Pero, lo que mejor hemos aprendido es: que el próximo invierno NOS VAMOS AL SUR!!

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Mika

Sois muy pros!! Mi compi y yo hemos tenido "locuras" por la France en la pequeña kangoo-rola. Si termino haciendo la temporada en los Alpes me buscaré un "gato-estufa" como poco!!😂😂

Laura Martín Roldán

Lástima que os leo ahora! Os hubiera ofrecido ducha/lavadora o cualquier cosa, estaba por la estación trabajando éste invierno pasado y totalmente de acuerdo con la falta de luz…
Suerte para ésta nueva temporada

Patricia Lopez
Sois unos campeones, Nosotros tb viajamos en una furgoneta desde hace 6 meses. Es mas pequeña que la vuestra y somos tres. Tenemos un bebe de 1, 5 años. Viajamos hacia el sur, para pasar el invierno en Grecia, y alguna vez que hemos tenido temperaturas negativas hemos flipado. Sobre todo porque hay que pensar en la peque…que no le mola un pelo dormir en el saco, y siempre se las apaña para salir de el. Me hizo gracia vuestro articulo, porque vimos vuestra furgonetas en Suiza, donde vivíamos antes. Y la verdad es que se reconoce rápido gracias a… Leer más »
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