Nuestro Primer Accidente de Tráfico en el Viaje

(Mapfre, atención al cliente, y talleres concertados) = a (mucha paciencia)

Día 5 de septiembre de 2016, cumplíamos un mes de viaje. Y el viaje nos regaló un porrazo. Resultado: un faro roto y parachoques abollado. Por si no habíamos caído en el día que era, la ruta se encargó de recordarnoslo, mientras escribíamos la fecha en el parte de accidente.

Tras dos días recorriendo Bilbao, nos pusimos en marcha, rumbo a Éibar, para visitar a Iñigo, Arianne y su familia.
Al doblar la primera esquina de la primera calle, nada más salir del parking donde habíamos acampado, un coche que comenzó a dar marcha atrás para aparcar, sin percatarse de que estábamos detrás suyo, nos pegó el porrazo. No sirvió pitar, pues no nos escuchó. Tampoco podíamos dar marcha atrás, pues teníamos varios coches detrás nuestro. A cámara lenta, vimos venir el desastre.

Accidente Tráfico

Nuestro ‘atacante’ a penas tuvo desperfectos, solo un faro algo cascado. Los parachoques de las kangoo son extrañamente indestructibles. Lo tenemos apuntado en la lista, por si algún día queremos ponerle defensas a la furgoneta.

Pasados los nervios iniciales, nos apartamos para hacer el papeleo.
Al haber discrepancias sobre la culpabilidad del porrazo, decidimos llamar a la policia local, por si ellos podían mediar para resolver el conflicto. Después de varios pitidos en el teléfono, descuelgan y comienzo a relatar el conflicto. Se negaban a asistir en el accidente a menos que se abonaran ‘unos 100€’, ya que, según ellos, la policia no estaba para mediar en conflictos de accidentes de tráfico.
Suponemos que para apuñalamientos tendrán una tarifa especial, que incluirá cubo y fregona para que uno mismo limpie la acera, la sangre es muy escandalosa.

Dejamos de lado la amable oferta de la policía local y decidimos arreglarlo por nuestra cuenta. Finalmente nos pusimos de acuerdo y el chico que nos había dado el porrazo asumió su culpa.

Con la furgoneta herida y la moral baja, pusimos rumbo a Getxo. Descansaríamos y al día siguiente presentaríamos el parte en una oficina de nuestra aseguradora, ya que sería más fácil tratar el tema en persona y no por teléfono. Error, ahí comenzó una odisea que ni una película de terror de antena 3 en sábado por la tarde.

En la oficina nos recibió una muchacha de sonrisa cálida, a la que ‘cariñosamente’ apodamos EL BICHO.
Dos horas y media después, salimos de la oficina sin solución y con la tarea de tener que buscarnos nosotros el taller y el hotel para pasar a saber cuantas noches mientras decidían qué hacer con nosotros. Nadie nos creía cuando decíamos que no habría repuestos nuevos de la furgoneta, por lo que tuvimos que llevar la furgoneta a la casa oficial Nissan para que fueran ellos los que dijeran que no había repuestos del faro. Ridículo pero cierto.

Antes de pasar por la Nissan, fuimos a un taller recomendado por el bicho, en el cual no nos quisieron atender, alegando sobre carga de trabajo. Tardarían unos días solo en echarle un vistazo a la furgoneta. Al ser medio día, teníamos que parar a comer. El gruista, en un arranque de humanidad, nos dejó quedarnos a comer en la base de las grúas hasta que apareciera el dueño del taller. Nuestro bicho se enteró e hizo que nos echasen de allí.

Bicho, si nos lees, solo te deseamos la asistencia en carrete de Mapfre. Sin rencor, eh?

Tras dos horas llamando a asistencia en carretera, conseguimos alojarnos en un hotel en Bilbao, el único que encontraron – resulta que Mapfre te busca el hotel, gracias de nuevo, bicho!- que aceptasen gatos. A 25€ por el gato. Pero solo el gato, humanos a parte.
Aprovechamos para darnos un par de baños, de esos de los que sales arrugado como un garbanzo y con la tensión por los suelos.

Hotel Bilbao

A la mañana siguiente comienza nuevamente la lucha telefónica con la compañía. Aceptaron que buscásemos nosotros el faro en un desguace y lo pusiéramos, después nos abonarían la factura. El parachoques podríamos arreglarlo más adelante, en cuanto lo viera un perito, en cualquier lugar del territorio nacional.
Nueva llamada para pedir el taxi que nos llevase a recoger la furgoneta: esta vez nos niegan el taxi porque la avería no está arreglada. Lo explicas, no lo entienden, le vuelves a explicar el problema, no lo entienden. Bueno, tras 45 minutos al teléfono, lo entienden.

Con los nervios de punta, recogimos la furgoneta y pusimos rumbo a Éibar, donde Iñígo, Arianne y su familia nos esperaban. Fue un gran alivio recibir toda su hospitalidad y cariño después de dos días de odisea.

El faro lo encontramos en un desguace de Azkoitia. El primero que llamábamos y lo tenían. Las cosas comenzaban a encarrilarse. O eso pensábamos. Nos dieron el faro del lado contrario, dándonos cuenta del detalle cuando lo pusimos y la luz apuntaba a Groenlandia. Vuelta al desguace y a cambiarlo.
El tipo del desguace no tenía desperdicio, para continuar con la racha de historias rocambolescas en torno al porrazo. Temimos que se fustigase al haberse equivocado de faro: se disculpaba dándose toques con el puño en la cabeza. Cuando le pedimos factura, se desinfló en un tremendo ‘buuuuuuufffff’ y continuó con los puños en la cabeza. Lentamente, nos retiramos hacia la furgoneta, temerosos de tener que ver algún horripilante episodio de auto castigo por parte de aquel hombre.

El parachoques lo peritamos en Jaca (Huesca). Vuelta a llamar a la compañía, a volver a explicar toda la historia, hasta que nos mandaron el perito.
En el taller nos enderezaron el parachoques y lo pintaron. Un trabajo impecable, con ‘pequeño’ pero: ni lo lijaron, ni le echaron imprimación. A la semana se nos estaba despegando la pintura.

Queremos dar las gracias a nuestro bicho, a Mapfre y a talleres gallego de Jaca por poner a prueba nuestra paciencia. ¡Ahora sabemos que es fuerte como el parachoques de una Renault Kangoo!

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