Cantabria: Entre Recuerdos Truncados y Esperanzas

Meses y meses estuve dándole la tabarra a Antonio sobre lo mucho que iba a adorar un destino concreto durante nuestro viaje, del cual podía enseñarle secretos de aquellos que solo conoce quien ha vivido allí: Cantabria.
Esta no es una historia de enaltecimiento de los recuerdos infantiles, hablamos de la bella tierra Cantabra, la tierruca. Nunca podría ser recordada con exageración, es exagerada en si misma. Su mar, sus acantilados, sus parques naturales, sus bosques mágicos, su mitología que todo lo envuelve con un aire de misterio.

Playa Pechon Cantabria

Playa Pechon Cantabria

Tuve la suerte de pasar temporadas en la tierruca, más suerte tuve cuando, con mi familia, nos trasladamos a vivir durante dos años.

Tuvimos la mala suerte de encontrárnosla desbordada en verano de 2016. Según nos dijo la gente local, estaban recibiendo un 30% más de turismo del habitual.
Aquello supuso un desbordamiento en todo los sentidos. Aparcar el coche, imposible. Aparcar una camper, 10€ en cualquier rincón cercano a una playa por pasar un rato. Los alrededores de las playas (aparcamientos, paseos, etc.) llenos de basuras y orines. Los baños públicos, sí que es los encontrábamos, estaban en unas condiciones que ya solo merecía pegarles fuego para limpiarlos.

Pase parte de mi infancia entre San Vicente de la Barquera y Cabezón de la Sal. En éste último viviendo de manera continuada durante dos años.
Conocía bien muchos secretos y pequeños paraísos a lo largo de la costa y estaba deseando enseñarle a Antonio todos los rincones bonitos que recordaba: cómo dar paseos interminables por la playa del Merón, llegar al “zapato” para ver los erizos de mar, estrellas, quisquillas y mejillones; recorrer las coquetas calles de Potes, antesala de los impresionantes Picos de Europa; hacer kilómetros por carretera secundaria disfrutando del verde del campo, los cientos y cientos de vacas…

San Vicente de la Barquera siempre fue un municipio con turismo, pero lo que encontramos este año se pasa de la raya. Se abre ahora el debate que tenemos en muchas zonas de España: turismo si? Turismo no? Dónde está el límite?
Muchas veces queremos guardar para nosotros, egoístamente, esos pequeños paraísos que vamos descubriendo, aunque sepamos que si las comarcas reciben más gente, económicamente es bueno para ellos. Pero, hasta dónde?

El peor baño visto jamas

A nosotros nos resultó imposible, a finales de agosto, poder si quiera bajar de la furgoneta y dar un paseo por la playa del Merón. Nos pedían 10€ de media solo por aparcar la furgoneta, aunque fuese por dos horas. Un poco desesperados con la situación, continuamos hasta Oyambre. Allí nos encontramos El Pastel, con mayúsculas, porque era de pesadilla: nada más aparcar bajar de la Furgo, un intenso olor a orina abofeteaba te en la cara. Y, viendo un baño público a pocos metros, nos preguntábamos cómo podía ser la gente tan cochina de hacer sus necesidades allí mismo teniendo un baño tan cerca. Antonio se acercó al baño y descubrió el por qué.

La conversación fue algo así:
– Ana, Ana…acabo de ver una de las cosas más horribles/asquerosas/increíbles de mi vida – me dijo Antonio con los ojos como platos.
– Qué es?
– Creo que no querrás verlo, porque es asqueroso, pero deberías, jamás vas a tener la oportunidad de ver algo así…

Vendido así, te saltan las alarmas del morbo y sabes que vas a ir a verlo.
Y en qué momento se me ocurrió. El baño era una bola de mierda, literalmente, no entro en más detalles por no herir sensibilidades. Pero, nos preguntábamos, ya riéndonos, quién habría tenido que estar tan desesperado para haber sido el último en ir al baño, quien habría puesto la guinda a aquel “pastel”, porque era tal la acumulación de…todo, que quien hubiera ido las últimas 10 veces habría tenido que estar de pie forzosamente.
Aquello terminó de superar nuestra paciencia y decidimos denunciarlo a la prensa local, tanto el baño como el estado general de los alrededores de toda la playa.

Baños Playa Oyambre

Baños Playa Oyambre

Con una decepción grande a mis espaldas, decidimos poner rumbo tierra a dentro, esperando encontrar algún rincón de paz para descansar. Y por suerte Cantabria siempre tiene lugares mágicos donde refugiarse.
Pasamos dos días increíbles en Cabuérniga, durmiendo y paseando entre bosques de hayedos, avellanos, robles y castaños centenarios.

Cabezón de la Sal y Ruta 6

Después de nuestra cura de bosque, nos encaminamos a Cabezón de la Sal, localidad donde viví durante dos años y que recordaba con mucho cariño.
Allí comenzó mi historia de amor con la música, pues asistí a la escuela municipal durante el tiempo que viví allí.
Lo que iba a ser una tarde y una mañana terminó convirtiéndose en 4 maravillosos días.
En esta parte de la historia empieza “la esperanza”
.

Paseando por el pueblo, enseñándole a Antonio mi antiguo colegio, la escuela de música, la plaza donde estaba mi casa, el parque donde había protagonizado mi primera pelea gracias a una niña roba-peluches (5 años…y mi oveja Rosita era intocable), justo frente a la estación de tren, vimos una casa antigua de aspecto grisáceo, algo destartalada, remachada por alguno de sus costados, con ventanales antiguos de madera, que nos llamó la atención por los mensajes que podían leerse en su fachada, pintados directamente sobre ella o en pancartas. Los mensajes hacían mención a la oposición a fraking, otro rezaba ‘bienvenidos refugiados’, otros, pintados directamente sobre la fachada, con letras de colores, pedían que el mundo no te robase la sonrisa.

Ruta6

Toda aquella mezcla, el caserón encantadoramente decadente, los mensajes que lo envolvían, nos atrajo como un imán y, pese a que estaba cerrada, nos acercamos a la puerta. Abrirían al día siguiente, por lo que decidimos que nos acercaríamos para ver qué se cocía allí. Teníamos curiosidad y tiempo, pues debíamos esperar una batería nueva para el portátil. Gracias a que nunca llegó, pudimos conocer a fondo la vida de aquel caserón.

Al día siguiente, encontramos el caserón envuelto en una ferviente actividad: en la entrada, varias mujeres trataban de poner orden entre bolsas y bolsas de ropa, juguetes y trastos varios; otras tantas personas entraban a dejar más bolsas mientras algunas pagaban prendas o juguetes que se llevaba. Un gran mercadillo, nos dijimos. En las paredes de la entrada se hallaban colgadas múltiples fotografías de niños de piel oscura, presumiblemente de la India.
Nos presentamos, explicamos nuestra historia y que queríamos conocer la suya. Blanca, que era la “jefa” de todo aquello, podría atendernos y contarnos la historia de lo que nos dijeron, se llamaba Ruta 6, una ONG.

La casa de ruta6

La jefa estaba ocupada en una reunión, de la cual se escapó un momento, nos dio su teléfono y nos citamos al día siguiente en una cafetería.
Nuestras cabezas andaban rumiando la información: ONG…jefa… a ver de qué iba todo aquello.

Blanca nos recibió en la cafetería con una gran sonrisa. Nos encontramos con una mujer luchadora, de armas tomar, firme en sus convicciones, un torbellino, metida y comprometida con montones de luchas sociales y que, definitivamente, nos llegó al corazón. Tanto ella como el proyecto Ruta 6. Pocas veces hemos visto a alguien tan apasionado y dedicado a un proyecto.

Ruta 6 es una asociación que trabaja con huérfanos de Bal Mandir, Nepal. Les proporciona la oportunidad de formarse en buenas escuelas a través de su sistema de becas. Les permite construir un futuro formándose en lo que ellos deseen.

El sistema de financiación de Ruta 6 tiene diversas variantes. Desde colegios o institutos que, a través de bizcochadas, concursos o conciertos, recaudan dinero a lo largo de todo el año para mantener a un becado; también organizan festivales o actividades benéficas para recaudar fondos; tienen varios patrocinadores; el grupo de los 10€, personas que a título particular donan 10€ al mes para el mantenimiento de las becas. No olvidarnos de su sistema de financiación más visible: el caserón. A través de las donaciones realizadas por muchos vecinos de toda la comarca, es posible adquirir ropa, juguetes y múltiples enseres, todo de segunda mano. Con lo cual, el caserón cumple la función de punto de recaudación y labor social, pues es posible comprar a precios realmente buenos.

Entrando en su página web http://www.ruta6.org/ podréis conocer mejor el proyecto y ver el seguimiento y noticias de todos los becados.
Detrás de todo este inmenso trabajo, siempre está Blanca como vela y motor de Ruta 6, con la colaboración de sus voluntarias, que fueron nuestras guías de lujo mientras recorríamos el caserón.

Blanca no sólo estuvo una mañana entera explicándonos en qué consistía Ruta 6, también compartimos con ella y su familia el resto del día.
Cenando en su casa, con su marido y su hijo pequeño, me enteré que habíamos tenido el mismo profesor de primaria. Su hijo también nos conquistó, un chaval de 16 años encantador y dulce.

Como se suele decir, bien acaba lo que mal empieza. Y nuestro final en Cantabria no pudo ser más perfecto junto a Blanca, su familia y Ruta 6.

El viaje nos mostraba, una vez más, que los mejores momentos nos los proporciona el contacto con la gente, prefiriendo cambiar atardeceres bonitos por gente bonita por descubrir.

¿QUIERES COLABORAR CON RUTA6?

Somos muchas personas las que deseamos ayudar a crear un mundo mejor. Pero nuestras rutinas del día día y las constantes noticias de desviaciones de dinero por parte de, ONGs, política, sindicatos o cualquier otra organización, nos hacen creer que hoy en día nadie ayuda sin recibir algo a cambio. Para esas personas, aquí le presentamos Ruta6, una ONG conformada por personas con vocación de ayudar, para recibir a cambio un mundo mejor.



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